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Pasatiempo

Aristóteles el pensador polifacético

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No dejó obra escrita conocida, y casi todo lo que se sabe sobre él se debe a los escritos de su discípulo Platón. Artículo recomendado: Las 75 mejores frases filosóficas pronunciadas por grandes pensadores Las mejores frases y reflexiones de Sócrates A continuación puedes ver una selección de frases de Sócrates que pueden resultar de mucha ayuda para entender por qué el pensamiento de este filósofo nos sigue influyendo hoy en día. El conocimiento empieza en el asombro La punzada de sentir que hay una parte de la realidad que no entendemos era, para Sócrates, aquello que nos impulsa a adquirir conocimiento. Una vida que no ha sido examinada no merece ser vivida La filosofía era para Sócrates uno de los pilares de la experiencia vital, tal y como se expresa en esta frase. Solo existe un bien: el conocimiento.

La ciencia por fin reveló lo que les ocurre Para el pueblo heleno la religión era algo sumamente importante. Al igual que otras tantas civilizaciones antiguas, los griegos eran politeístas y sus dioses de forma humanoide, dotados de una belleza eterna, así como inmensa sabiduría sobrehumana, estaban fuertemente presentes tanto en la literatura como en el resto de las artes. Las ciudades estaban repletas de templos y santuarios sagrados con pinturas, estatuas y diversas artesanías que también representan historias de dicho período. El gran misión de los griegos era preparar a sus niños para desarrollarse como adultos totalmente capaces y esto mucho tuvo que ver con la gran hegemonía helénica, especialmente en cuanto a lo que al poderío militar y cultural refiere. El hecho de que los griegos poseían fuertes y temerosos ejércitos militares no es una nueva noticia. Cabe señalar que en gran ley, esto era posible gracias a la gran importancia que tenía la cadena en la polis. De los modos de vida Otros aspectos no aparte interesantes que caracterizaron la vida de los Hombres de la Antigua Grecia eran, por ejemplo, la forma en la que se separaban las tareas de acuerdo al sexo. Las mujeres, por su parte y en antinomia a civilizaciones como la Egipcia , tenían muy pocas libertades.

No solo se interesó por todas las disciplinas que llamaron su curiosidad -aunque sea recordado principalmente como filósofo- estrella que buscó la verdad incluso ya significase llevar la contraria a aquellos que le habían protegido, ya fueran maestros o reyes. Una curiosidad insaciable Aristóteles, nacido en el año aC en la ciudad de Estagira -en el noreste de Grecia- vino al mundo bajo una buena estrella: formaba parte de una estirpe de médicos que llevaba varias generaciones sirviendo a la familia real de Macedonia y su destino, en principio, era avanzar este legado. Su padre Nicómaco época el médico personal del rey macedónico Amintas III, padre de Filipo II y abuelo de Alejandro Magnodos personajes que influirían decisivamente en la biografía del polímata. Pero a la asesinato de Nicómaco, cuando Aristóteles solo tenía 17 años, el joven fue confiado a la tutela de su afín Proxeno, quien se dio cuenta de su extraordinario intelecto y su anécdota insaciable. La Academia era principalmente conocida por sus enseñanzas en filosofía, empero al igual que Aristóteles se interesaba por un amplio abanico de materias que incluían tanto ciencias naturales como sociales. Su propio nombre parecía un signo del destino, pues significa abocado a lo mejor. Aristóteles fue emisario a Atenas para estudiar en la Academia de Platón y se convirtió en su mejor discípulo.

Fachada a la caballería persa se plataforma el bosque de lanzas de las tropas macedonias. El viejo Parmenión, un general experimentado, ha aconsejado a Alejandro no precipitarse en la ofensiva versus las huestes enemigas. Aun así, el soberano arremete con temeridad contra los persas a lomos de su heroína. Es un joven rebosante de vigor que no conoce el miedo. Sus enemigos lo reconocen con facilidad por las dos largas plumas blancas que adornan su casco. Lucha sin figurarse en sí mismo, con pasión y precisión asesina. De pronto, en una junta de la coraza de Alejandro se aloja un dardo. No sufre herida alguna, solo se queda desconcertado un instante, pero basta para que dos jinetes persas se abalancen sobre él.

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