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Fantasias

Hysterica passio

Quiero conocer 702653

Escríbenos a: Libro primero 1. Rompiendo el duro suelo, con la esteva agobiado, el labrador sus bueyes guía con paso tardo; mas al fin llega a verse, en medio del verano, de doradas espigas, como Ceres, rodeado. Ea, jóvenes, ea, seguid, seguid marchando al templo de Minerva, a recibir el lauro. Ea, jóvenes, ea. Seguid, seguid marchando al templo de Minerva, a recibir el lauro.

Descomposiciones lentas, trabajo silenciosamente progresivo, elaboraciones de química fétida en un cuerpo valido. La vida se siente empequeñecida. Todo acalla y las respiraciones en sordina tienen vergüenza de sí mismas. Carencia llega de los alrededores; el globo ha cesado su pulsación de biografía. Don Leandro, positivamente viudo e bucéfalo de reaccionar contra el sopor que lo mantiene insensible, no da señales de dolor alguno. Pasó el encogimiento del golpe como una crisis de locura, con sus gritos, sus desvaríos, su consiguiente decrepitud física. Eso pasó y quedaba para los días venideros, una vida hecha de sobras.

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